Atraco en cuotas

A un grupo de ecuatorianos nos creen zoquetes. Otro grupo está alelado por la sobredosis de tranquilizantes que le han inyectado, y por ello les vale poco la patria y su futuro. Los mismos señores que redactaron, aprobaron, cambiaron e hicieron del texto constitucional un arma política, y no un manual de principios, “vuelta” quieren engañarnos. De lo que recuerdo el art. 323 de la Constitución prohíbe todo tipo de confiscación (la confiscación supone una privación injustificada de la propiedad privada). También, si no eliminaron al art. 321 de la Carta Magna, el Estado garantiza el derecho a la propiedad.

Resulta que el proyecto de Código Orgánico de Organización Territorial (¡maravilla!, un código orgánico que organiza, ¡cosas de la revolución ciudadana!), en su art. 626 ordena que cualquier institución descentralizada puede expropiar y pagar a crédito el bien. ¡Sí como lo lee, amable lector! Le quitan el terreno o casa, y por ley le pagarán a precio del avalúo municipal (bajísimo), en el plazo de 20 años. Pero no sólo eso incrédulo ciudadano, el precio de su propiedad subvalorada se lo cancelan con bonos del Estado, ¡ni siquiera en ‘cushqui’! Esto posibilita, como este Gobierno lo ha hecho, de declarar esa deuda ilegítima u odiosa. Usted tendrá papeles para enmarcarlos, y con ellos sus herederos podrán adornar su lápida.

A esto que usted puede pensar es una exageración, se le agregan cosas tan descabelladas como que el ciudadano al que se le expropia su inmueble (¿confisca?), no puede reclamar en vía administrativa ni judicial. Se olvidan que el art. 173 de la Constitución verde limón dispone que todo acto de una autoridad del Estado puede ser impugnado.

Pero si el bien hubiere sido objeto de mejoras, como por ejemplo la cercanía de una carretera, o la pavimentación de la calle en que está ubicado, o la instalación del servicio de luz eléctrica, al precio de expropiación se le reducen todos los gastos que demandaron esas mejoras. ¿Acaso después de hacer alguna de esas obras, no cobran al dueño del bien las llamadas Contribuciones Especiales de Mejoras? ¡Confiscación y atraco, a la vez!

Esta ley que quiere pasar de agache, no prevé las causas por las cuales los organismos descentralizados pueden declarar la expropiación (¿confiscación?). Me gusta el terreno, o el propietario es mi enemigo, ¡vamos adelante con la expropiación-confiscación!

Espero que pronto se acabe el efecto de la sobredosis de tranquilizantes inyectado a parte de la población. Es de rogar que la reacción del pueblo al despertarse, no sea violenta al darse cuenta que parte de lo adquirido honradamente, está en manos de los jerarcas del socialismo del siglo XXI.

Artículo de opinión publicado originalmente en
El Comercio, 19 de marzo de 2010. Por Pablo Ortiz García.

Hambrunas progresistas

El disidente chino Liu Binyan definió la economía planificada como "un continuo fluir de recursos públicos a los bolsillos de los que detentan el poder". De ahí la corrupción rampante de los regímenes comunistas pasados y presentes. Un antiguo coronel de Corea del Norte acaba de publicar un libro que narra sus dos décadas al servicio de la dinastía que allí rige. Él se encargaba de comprar en Europa los productos de lujo que deseaban sus amos. Caros automóviles, alfombras, delicatessen. Nunca faltó el dinero. "La gente se moría de hambre y ellos se hacían traer comida de todos los lugares del mundo", cuenta Kim Jong Ryul. En 1994 huyó y fingió su propia muerte para evitar el destino de tantos otros desertores.

El escritor Christopher Hitchens visitó aquel país hace nueve años y pudo ver los regalos enviados por admiradores extranjeros, como Ted Turner y Jane Fonda y el predicador Bill Graham. Y eso que Corea del Norte nunca gozó, entre las filas progresistas, del atractivo de Vietnam o Cuba. Pero en todas partes el bello ideal de la sociedad sin clases condujo a la desigualdad más ofensiva. La escasez y el hambre para el pueblo y un tren de vida fastuoso para los dirigentes. Las penalidades del comunismo, abajo y el esplendor capitalista, arriba. Muchos disidentes abrieron los ojos al observar los privilegios de una elite consagrada, en teoría, a construir una sociedad igualitaria. Aunque sus testimonios apenas corrigieran la ceguera voluntaria de los "compañeros de viaje" afincados en Occidente. A fin de cuentas, las celebrities de entre ellos también viven como rajás de ese capitalismo del que reniegan.

El estrecho vínculo que se ha dado en España entre los progresistas y el comunismo aumenta el grosor de la venda. El PSOE se ha negado a incluir, como tema de estudio en la enseñanza, la hambruna que Stalin provocó en Ucrania. Alega que no está claro que fuera un genocidio. Walter Duranty, célebre corresponsal del New York Times por entonces y premio Pulitzer, tenía claro que no se pasaba hambre. Los mercados de los pueblos, escribió, "están llenos de huevos, frutas, aves, verduras, leche y mantequilla... Hasta un niño puede ver que no hay hambruna, sino abundancia". Por eso murieron de tres a siete millones de personas. Nada que interese a nuestros progres. Su superioridad moral aún depende del borrado de crímenes y abusos. ¡Es tan frágil!

Artículo de opinión publicado originalmente en
Libertad Digital, 16 de marzo de 2010. Por Cristina Losada.

La pensión pública ha de ser abolida

[Medida aplicable en cualquier país donde no funciona el sistema estatal de seguridad social, el mismo que es empleado para beneficio exclusivo de los burócratas que trabajan en él y como caja chica del gobierno de turno].

El ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, no teme por las pensiones, al menos por la suya. El martes afirmó que él hace tiempo que tiene contratado un plan de pensiones en una entidad privada y animó al resto de los españoles a que hicieran lo mismo. De forma sucinta, el ministro aboga por una especie de sistema mixto.

Los planes de pensiones, como producto, tienen un problema importante hoy día. Son una herencia del pasado que sólo quiere una minoría. Es un producto demasiado rígido que no encaja en la visión cortoplacista de los actores económicos del s. XXI. Fíjese si no en qué época las entidades financieras empiezan a hacer campañas. No son campañas continuadas de todo el año. Siempre venden el producto a final de año que es cuando el cliente bancario es más susceptible a hacer desgravaciones fiscales (siempre se deja todo a última hora).

Observe también en qué consisten los ganchos de los planes de pensiones. Muchas organizaciones, especialmente gubernamentales, se quejan de los regalos asociados a estos productos. Los bancos regalan desde jamones, a ‘home cinemas’, pasando por licuadoras en la venta de sus planes de pensiones. Lo que no encaja es que un producto financiero a tan largo plazo tenga un reclamo a tan corto plazo como un bien de consumo vulgar. ¿Cómo es que en las campañas de fondos de inversión –producto cuya gestión es la misma que un plan de pensiones– no se regalan productos para la cocina y el hogar también?

En realidad, para una parte importante de la demanda, los planes de pensiones no son tal, sino que consisten en el pago de un producto (aportación por un regalo), que adicionalmente va acompañado de una inversión en un instrumento de ahorro a largo plazo y que, además, desgrava. La fuerza del Estado y la habilidad de los bancos han convertido un producto que no duraría ni dos días en el mercado libre en una urgente necesidad que canaliza el dinero del agente económico sin que realmente lo quiera.

¿Qué pasaría si en un ataque de sensatez al Gobierno le diera por abolir las pensiones públicas y retirar las desgravaciones fiscales a los planes de pensiones privados? Muy probablemente desaparecerían, o quedarían como un producto minoritario; el dinero se canalizaría más bien a otros productos financieros (renta fija, variable directa, fondos, seguros de ahorro, etc.), o simplemente se destinaría a consumo. Ésta última opción sería la mayoritaria. Es la más acorde a nuestros tiempos.

Si a usted le diesen la opción de destinar 6.000 euros al año a un plan de pensiones o quedarse el efectivo íntegro en su cuenta corriente, ¿qué escogería? Mayoritariamente el actor económico preferiría el dinero en ‘cash’, en su bolsillo ya.

El Estado no es tan abierto de mente como para darnos opciones. Los burócratas del Gobierno, "los Corbachos", nos sacan la pistola y nos dicen: "la bolsa o la vida". Nos retiran esos 6.000 euros (o los que a usted le correspondan) y se los quedan. Mientras nos encañonan con el arma de la ley, nos intentan aliviar diciendo que es para nuestro bien, para nuestro futuro. Consideran que somos idiotas en el manejo de nuestro dinero y lo toman por la fuerza para sus intereses.

Desglosemos qué son las pensiones públicas. Primeramente, son un robo. Desde el momento en el que el Gobierno se ve con autoridad suficiente para obligarnos a qué hacer con nuestro dinero sin que nosotros podamos tomar cartas en la decisión, se convierte en un delincuente a gran escala. El dinero de nuestras pensiones no se ha ahorrado, el Estado se lo ha gastado en lo que le ha dado la gana. De ahí todo el alarmismo actual. El Gobierno no sólo es la mafia legal, también es el peor gestor del mundo. Recuerde que sus ingresos sólo provienen del expolio de la propiedad privada y del robo al ciudadano.

Asimismo, las pensiones públicas no sólo son dirigismo que estimulan estilos de vida (economía del fascismo) de la sociedad hacia el pensamiento único (todo el mundo ha de ahorrar mediante la fuerza), sino que también son un fraude. Si una entidad privada hiciera lo que el Estado con el dinero de su cliente, meterían a su responsable máximo en la cárcel. De hecho, Bernard Madoff fue condenado a 150 años de prisión por gestionar sus fondos de la misma y exacta manera que el Estado gestiona las pensiones públicas. Si a Madoff le cayeron 150 años, "los Corbachos" del parlamento tendrían que ser condenados a trabajos forzados de por vida. Tal vez sería la única forma de que los políticos sirvan de verdad a la comunidad.

Las pensiones públicas son totalitarismo, son un robo, son un fraude, sólo sirven como herramienta para comprar votos, y en el pensamiento de Gustavo Bueno, una forma más de corrupción del Estado del Bienestar y la democracia actual.

La solución a los campos de concentración nazi no era privatizarlos (por razones pragmáticas), sino abolirlos. Con las pensiones del Estado igual. El objetivo no es un sistema de capitalización obligatoria, sino abolir las pensiones públicas y los estímulos a los planes privados: que la gente decida qué hacer con su dinero, que elija en el mercado si quiere este tipo de productos o no. Eliminemos los impuestos correspondientes a las pensiones (que es una tercera parte de su salario; mire cuántos impuestos paga aquí), los estímulos fiscales y dejemos que el ciudadano libre escoja cómo manejar su dinero.

Artículo de opinión publicado originalmente en
Libertad Digital, 12 de marzo de 2010. Por Jorge Valín.

Falacia estatista

En Estados Unidos se ha puesto últimamente de moda atribuir la alta tasa de desempleo y la larga contracción económica a supuestos "excesos'' del capitalismo, apuntando la afluencia de técnicos y obreros extranjeros, como también criticando a industrias norteamericanas que prefieren importar lo que manufacturan en subsidiarias en el exterior, en lugar de producirlo aquí.

La mayoría de los políticos en Washington no entienden, o aparentan no entender, que altos impuestos, excesivas restricciones y la creciente proliferación de regulaciones incrementa el costo de producir en Estados Unidos, mientras paralelamente se ha reducido el costo del transporte de mercancías, tanto por vía marítima como por vía aérea.

El remedio propuesto por muchos políticos no es aliviar el peso del gobierno federal, sino más bien imitar el intervencionismo prevaleciente en Europa Occidental, donde hay actualmente más trabas al libre albedrío y a la libertad de empresa que en los países ex comunistas de Europa Oriental. Esa triste realidad se comprueba viendo lo que está sucediendo en Grecia, España, Irlanda, Italia y Portugal.

Es una mala señal que el presidente Obama no proponga congelar el nivel de gastos gubernamentales de una vez, sino a partir del año 2011. Con razón la gente está asustada y han caído las ventas de prácticamente todo. Eso no se debe solamente al alto nivel de desempleo, sino que los gobernantes no infunden confianza por estar ofreciendo y regalando lo que no es de ellos.

Hasta hace poco oíamos que el problema era que los bancos no tenían mucho dinero para prestar. Entonces el gobierno procedió a inyectarles miles de millones de dólares, con lo que los bancos rápidamente solidificaron sus balances, luego de las grandes pérdidas sufridas en irresponsables y exagerados financiamientos de hipotecas, urbanizadores, centros comerciales y empresas constructoras. Hoy, las instituciones financieras están actuando más conservadoramente y menos empresarios están dispuestos a endeudarse mientras no se aclare el horizonte económico.

El desempleo, según cifras oficiales, se redujo de 10 a 9.7 por ciento en enero, pero esa cifra no incluye a quienes dejaron de buscar trabajo y algunos destacados economistas afirman que la cifra real es más bien cercana a 22 por ciento.

Si un amigo o pariente nuestro se comporta como suele hacerlo el gobierno federal pensaríamos que es irresponsable porque a medida que disminuyen sus ingresos procede a aumentar sus gastos. Aunque el déficit presupuestario aumentará 19 por ciento este año, Washington no reducirá sus exagerados gastos militares en el exterior.

Este año el gobierno federal pedirá prestados 42 centavos por cada dólar que gasta. Obama se parece cada día más a los socialdemócratas latinoamericanos que le abonaron el terreno y le abrieron la puerta a Chávez, Correa, Morales, Kirchner y compañía. Es lamentable que el gobierno de Obama esté repitiendo y empeorando muchos de los errores cometidos bajo la presidencia de George W. Bush.

Artículo de opinión publicado originalmente en
El Nuevo Herald, 17 de febrero de 2010. Por Carlos Ball.

¿Falla el modelo?

Le llaman socialismo del siglo XXI, revolución ciudadana o neoextractivismo. No importa el nombre, sino la orientación. Un modelo en que el Estado es alma de la sociedad, a través de un enorme gasto público que supuestamente empuja la economía y genera bienestar. Al cabo del 80% de lo que sería un gobierno de plazo normal, se pueden evaluar resultados.

Las cifras son claras: el conjunto del Estado ha duplicado su gasto (aproximadamente de 10.000 a 20.000 millones de dólares), y quitando las importaciones de combustibles algo menos, pero bajo cualquier consideración el aumento es enorme. ¿Resultados en crecimiento? El Banco Central acaba de publicar cifras al tercer trimestre del 2009 con lo cual lo más probable es que ese año cierre alrededor del 0%. Con el 2,7% del 2007, el 6,8% del 2008 y alrededor de 3% en 2010 (nadie ha tomado seriamente la proyección gubernamental del 7%), tendremos un promedio del 3% en cuatro años. Tanto dinero extra para el mismo resultado “de la larga noche…”.

Pero quizás el PIB no es un buen indicador (ciertamente no lo es), y sí hay mejores resultados en empleo. Veamos. Entre enero y septiembre del 2007 el desempleo estuvo estable. Y luego hasta diciembre del 2009, entre saltos y brincos (confiando en las cifras del Banco Central, aunque puedan parecer extrañas), también mantuvo el mismo nivel (tomo estos dos periodos por separado, porque cambió la metodología y no son comparables). Entonces ninguna mejora en desempleo, y sí empeoramiento en el subempleo.

¿Tal vez la pobreza haya mejorado? Un reciente análisis de Cordes y de otras fuentes más cercanas al Gobierno (o, antes cercanas) muestran que la disminución de la pobreza es mucho menor en estos tres años que en años anteriores, y que incluso hay un alza en el segundo semestre del 2009 con lo cual volvemos casi al nivel de diciembre del 2006. Hay mejoras en salud y educación, pero aparentemente insuficientes.

¿Conclusión? Muy mala en todo. Algunos dirán que fue por la gran crisis mundial. Pero recordemos dos cosas. Uno, el verdadero impacto para el país se dio durante seis meses y fue bastante menor a lo pronosticado.

Segundo, en 37 meses de gobierno se han dado seis meses de entorno muy malo, seis regulares y 25 muy buenos. En promedio un entorno muy favorable. Otros dicen que el problema es la mala gana de empresarios, banqueros u otros de “subirse al carro”. Explicación muy simplista porque parte de un esquema es crear los incentivos y entorno para atraer a la gente… El problema no es el entorno ni la mala voluntad, sino el propio modelo que está equivocado en tantos frentes: no creer en la apertura externa, no creer que capital y trabajo juntos generan el desarrollo, no creer que las empresas grandes son tan necesarias como las pequeñas, no creer en el dinamismo empresarial y la inversión privada como motor de la economía (con un rol del Estado como creador de entorno y oportunidades sociales). Muy simple: el modelo es el problema…

Artículo de opinión publicado originalmente en
El Universo, 13 de febrero de 2010. Por Pablo Lucio Paredes.

¿Los liberales y los ateos son más evolucionados?

Siempre he querido saber con certeza dónde se originó mi sistema de pensamientos y creencias. Está muy claro que me defino como un libertario, aquel que aboga, defiende y respalda la libertad individual en lo social y la propiedad privada en lo económico a través de la minimalización del estado. En cuanto a la religión, me considero "areligioso", practicante de ningún rito, sin embargo, no dudo acerca de la existencia de Dios o como se quiera llamarlo, aquella fuerza infinita y omnipotente que mueve todo el universo. Estoy de acuerdo (en lo único y en nada más) con Karl Marx, quien decía que la religión es el opio del pueblo.

Al parecer, Satoshi Kanazawa, sicólogo evolucionista de la Escuela de Ciencias Políticas y Económicas de Londres ha encontrado la respuesta: Todo se debe a la evolución de la inteligencia. Sus estudios afirman que la evolución de la inteligencia humana puede tener una gran influencia en si eres liberal o conservador, o si crees en Dios o no.

La teoría de Kanazawa sugiere que la inteligencia (particularmente nuestra habilidad para razonar y resolver problemas que se presentan súbitamente) se desarrolló como una adaptación que nos permite enfrentar situaciones inusuales, como por ejemplo, un incendido forestal inesperado. Dado que este tipo de desastre es muy poco frecuente en la vida diaria, la mente de nuestros ancestros no se encontraba "preprogamada" para reaccionar de emergencia ante esta eventualidad. Sobrevivir al fuego requiere tanto la habilidad de pensar en un nuevo comportamiento como la voluntad de ejecutarlo. Estas facultades o propiedades se transmiten genéticamente (expresadas como una tendencia hacia la adopción de preferencias y valores sociales no tradicionales).

Como resultado de sus ancentros iconoclastas (aquella persona que va a contracorriente y cuyo comportamiento es contrario a los ideales, normas o modelos de la sociedad actual o a la autoridad, sin que implique una connotación negativa de su figura), las personas con un nivel más alto de inteligencia tienden a adquirir o adoptar valores sociales y comportamientos que son relativamente nuevos para los seres humanos (liberalismo, ateísmo, acostarse tarde, monogamia). Asimismo, sus cerebros están mejor adaptados para manejar nuevas situaciones.

La evidencia reunida por Kanazawa pueden ser encontrada en AddHealth, proyecto de la Universidad de Carolina del Norte que se lleva a cabo desde 1994. El estudio empleó pruebas de vocabulario basado en figuras para estimar el coeficiente intelectual (CI, IQ en inglés) de los participantes. Siete años más tarde, al mismo grupo de personas se les preguntó acerca de sus creencias religiosas e inclinación política. Las que admitieron "no ser religiosas" y políticamente "muy liberales" tuvieron un CI más alto en comparación con aquellas que se consideraban "muy religiosas" y "muy conservadoras". Sin embargo, la diferencia entre estos dos grupos de personas no es enorme, solamente once puntos en promedio, pero de todas formas, Kanazawa piensa que es significativa.

El liberalismo, como lo define Kanazawa, se refiere a la búsqueda del bienestar de un gran número de personas que nunca se conocerá. siendo esta una conducta bastante nueva de los seres humanos. Históricamente, los seres humanos se han preocupado por el bienestar de la familia inmediata y de sus amigos, pero no de desconocidos. Se entiende por "liberalismo" como el sistema filosófico, económico y político que promueve las libertades civiles (individualismo, igualdad ante la ley, propiedad privada, tolerancia religiosa, etc.) pero se niega aceptar la libertad colectiva; contrario a cualquier forma de despotismo, suscitando a los principios republicanos, siendo la corriente en la que se fundamentan la democracia representativa y la división de poderes. Por otro lado, se entiende por "conservadurismo" a aquellas opiniones y posicionamientos que favorecen tradiciones y que son adversos a los cambios bruscos o radicales. En lo social, los conservadores defienden valores familiares y religiosos. Generalmente el conservadurismo se asocia al nacionalismo y el patriotismo. En lo económico, los conservadores históricamente se posicionaron como proteccionistas (en oposición al librecambismo económico).

De acuerdo a la opinión de Douglas Detterman, experto en el tema, este estudio es intrigante, especulativo y carece de suficiente evidencia. Considera que Kanazawa ha realizado un trabajo importante, pero menciona que existen otras hipótesis acerca de la evolución de la inteligencia que son igualmente interesantes, como por ejemplo, la teoría que afirma que la inteligencia evoluciona como una forma de competir por el sexo. Si este es el caso, las ideas de Kanazawa tienen sentido si, por ejemplo, ser liberal o ateo favorece el atractivo sexual.

Otros científicos afirman que la prueba del CI no reúne suficientes evidencias que confirmen las ideas de Kanazawa. Si bien es cierto el CI puede ser una manera apropiada de medir o cuantificar la inteligencia, especialmente cuando los resultados toman en cuenta las diferencias entre la educación y la condición económica de los examinados. Sin embargo, el método utilizado por AddHealth para medir el CI a través de pruebas de vocabulario basado en figuras, no necesariamente dice algo acerca del tipo específico de inteligencia, sino más bien es una forma de evaluar la inteligencia cristalizada, la que se adquiere a través de la educación y de la cultura (aprendizaje y experiencia). Este tipo de inteligencia no es principalmente genética.

Según Stephen Ceci, otro especialista consultado, si la preferencia por los valores no tradicionales es en realidad una adaptación evolutiva, solo se podría determinar que es así efectivamente, empleando una prueba de CI que cuantifique habilidades de resolución de problemas y de razonamiento que no son expresamente enseñadas o adquiridas (como el armar un rompecabezas, por ejemplo).

Por el momento, me siento relativamente conforme con la respuesta que Kanazawa ha dado a mi cuestionamiento inicial, sin embargo, puedo considerar que desde hoy entiendo algo más acerca de la naturaleza de mis pensamientos y creencias, así como la de otros individuos cuyo criterio es divergente del mío. Si se comprueba definitivamente que la evolución de la inteligencia está ligada al espectro político, me temo que tendré que resignarme y tolerar un poco más a los socialistas del siglo XXI, quienes podrían considerarse menos evolucionados. Por lo que quedaría claro que, finalmente, la culpa no es de ellos.

Artículo de opinión escrito por
Juan Francisco Bolaños T. y publicado en OtrosCucos.net, 08 de marzo de 2010.

Sobran funcionarios... Y faltan empresarios

Nunca ha sido el espíritu empresarial característica dominante en el carácter de los españoles. Los negocios no son actividad de hidalgos; y, mientras la pobreza honorable se ha visto casi siempre con respeto, se ha desconfiado por lo general del comportamiento de aquellos que intentan obtener beneficios en una actividad comercial o industrial. La mezcla de este espíritu con la tradición católica hacen muy difícil que la sociedad vea con respeto a quienes ganan dinero creando su propia empresa; a diferencia, por cierto, de lo que ocurre a quienes han obtenido su riqueza por nacimiento o por métodos que a menudo ni siquiera se puede mencionar sin sonrojarse. No cabe duda, quien gana dinero trabajando en este país no es objeto de gran aprecio. Pocas frases definen mejor esta curiosa actitud que aquel texto de Quevedo en el que afirma que "conciencia en mercader es como virgo en cotorrera, que se vende no habiéndolo".

Esta actitud, inicialmente limitada a determinadas clases o estamentos, se extendió hace ya siglos a toda la sociedad, y sigue muy presente en la España actual. Las críticas a los empresarios y a los "especuladores", a los que se les acusa de todos los males del país, constituyen una clara muestra de esta forma de entender la economía. [Muchas personas no se dan cuenta que, en ciertos países que no quiero mencionar porque es algo implícito, los bienes y servicios son costosos debido a los altos impuestos y aranceles que el estado se lleva sin retorno, perjudicando a los consumidores, quienes pueden adquirir menos con más dinero]. En la misma línea está, desde luego, el rechazo a casi cualquier medida que tenga como objetivo aumentar la competencia mediante la liberalización de un sector regulado. Así, que las tiendas puedan abrir el día que quieran sus propietarios es algo que despierta auténtica animadversión en mucha gente, aunque el hecho a ellos en nada les perjudique y la gran mayoría de las personas resulte beneficiada. Tenga cuidado si se le ocurre, por ejemplo, sugerir que se deberían permitir que funcione la competencia en la sanidad, en la educación o en las pensiones. Su integridad física podría correr peligro. "La competencia nos envilece", afirmaban los farmacéuticos hace algo más de cien años; y muchos españoles piensan, en el fondo, lo mismo.

Consecuencia lógica de esta actitud es la obsesión nacional por trabajar para el Estado, la comunidad autónoma o el ayuntamiento del pueblo. Todos queremos ser funcionarios y asumir los valores del conformismo y el rechazo a asumir riesgos. El aumento del nivel de renta y la descentralización administrativa permitieron, a lo largo de bastantes años, un crecimiento absurdo del número de personas que trabajan en el sector público, que ya supera los tres millones. Hay comunidades autónomas, como Extremadura o Andalucía, en las que pocas cosas se pueden hacer al margen de la administración autonómica y local, que han creado un sistema caciquil de nuevo cuño que hace muy difícil que estas zonas puedan experimentar un auténtico progreso económico, al margen de la subvención y las transferencias. Pero incluso regiones que durante mucho tiempo creyeron más en el sector privado que en la Administración se están convirtiendo también en sociedades de funcionarios. Cataluña es un buen ejemplo, aunque no el único, desde luego, de esta renuncia a la iniciativa individual y a la asunción de riesgos.

Una de las vicepresidentas del Gobierno dijo hace sólo unos días, que, en la actual situación de crisis, el sector público es nuestra "tabla de salvación"; y añadió a continuación, sin inmutarse, que "lo público" constituye un "pilar dinamizador". Al margen de lo absurdo de la expresión, la frase refleja lo viva que la actitud contraria a las soluciones de mercado sigue en nuestro país. Pues nada, creemos más funcionarios, hagamos la vida imposible a los empresarios innovadores... y sentémonos a esperar la recuperación de la economía española.

[Nota del editor: Cualquier coincidencia con la realidad ecuatoriana es pura casualidad, considerando que lo que se hereda, no se hurta].


Artículo de opinión publicado originalmente en
Libertad Digital, 05 de marzo de 2010. Por Francisco Cabrillo.

Eliminemos el salario mínimo

A un amigo ruso le sorprendía que en las calles de Madrid hubiera tantos indigentes. Mi primera reacción fue la de defender que el número no era excesivo en comparación con otros lugares. Sin embargo, pronto entendí que la confusión que me embargaba se debía a que un ruso diera lecciones de prosperidad económica. "En Rusia también habrá indigentes, digo yo", le pregunté. "En la ciudad no", me contestó usando un polémico sentido del humor. "Siberia es grande". Aunque parezca sorprendente, esta anécdota me viene a la mente cuando alguien cuenta entre los logros del Gobierno el aumento del salario mínimo. En seguida me explico.

Ésta es una de esas medidas que suenan muy bien al anunciarlas, pero que cuando se ponen en práctica actúan en sentido contrario al que se pretendía. Esto a Zapatero le priva. Como se rige casi exclusivamente por el resultado de sus anuncios, ha ido dosificando una subida del salario mínimo cada año. Con cuentagotas, vamos. De primeras nos debería sonar extraño. Si esta medida no supone ningún esfuerzo ni gasto para el Gobierno y es tan positivo, ¿por qué todos los años lo sube un poco en lugar de asignarle un valor más alto desde el principio? En mi opinión Zapatero no sabe la respuesta. Sólo pretende anunciar algo con buena prensa para después poder presumir en el mitin de turno. Pero la realidad es que sí que tiene un importante coste: tiende a aumentar el desempleo.

Si nos anuncian que el salario mínimo sube un 5% nos da la sensación de que sube el sueldo de los que cobraban menos. Y eso suena bien. Sin embargo, si un gobernante anunciara que el salario mínimo pasa a ser de 3.000 euros al mes, algo nos diría que tiene que haber gato encerrado. En efecto, lo hay. Los que cobrasen menos de esa cantidad no pasarían a cobrar 3.000 euros, sino que pasarían a engrosar la cola del paro. Lo que no percibimos es que lo mismo sucede cuando sube un 5%, por más que la cifra parezca pequeña. Al final, los trabajadores cuya productividad queda por debajo del salario mínimo quedan irremediablemente desempleados.

[Cualquier incremento salarial tiene un efecto inflacionario. Automáticamente sube el precio de los bienes y servicios, ya que para su producción se emplea, directa o indirectamente, mano de obra, a la cual, obligatoriamente se le incrementa el sueldo en el caso de que así lo disponga el gobierno; por lo tanto, la capacidad adquisitiva de la gente no cambia, incluso podría verse mermada al reducirse las fuentes de empleo].


Resulta curioso que poca gente esté en contra de esta medida, cuando es un ejemplo clásico en los libros de economía de bachillerato de cómo la imposición de un precio mínimo distorsiona un mercado. Si para un cierto tipo de actividad se impone un sueldo mayor al de equilibrio, que es en el que coinciden tanto la demanda como la oferta de trabajo, el mercado reaccionaría empleando a un número mucho menor de gente, y por tanto arrojando al paro a los que tienen menor productividad. Es decir, que la medida sería especialmente perjudicial para aquéllos hacia los que iba destinada la medida: a los trabajadores menos cualificados.

Es cierto que tiene buena prensa que el Gobierno evite que los trabajadores cobren sueldos bajos. El problema es que subiendo el salario mínimo no pasan a cobrar más, sino que son despedidos. Parece que si no vemos a trabajadores cobrando poco nos quedamos más tranquilos. Por eso se me venía a la cabeza la anécdota del ruso. Porque si no se ven indigentes por las calles de Moscú parece que hayamos acabado con el problema. Pero estarán en Siberia que, como los que se van al paro por la subida del salario mínimo, es todavía peor.

Por eso, si de verdad queremos que en España descienda la tasa de paro, una de las medidas que debería incluir la reforma laboral que necesitamos es la eliminación del salario mínimo interprofesional. Sí, muchos trabajadores cobrarían sueldos bajos. Pero de otra manera estarían en las gélidas estepas del desempleo.

Artículo de opinión publicado originalmente en
Libertad Digital, 17 de febrero de 2010. Por Ignacio Moncada.
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