Si el Ecuador estuviera cerca de ser civilizado, el Fiscal General habría pedido licencia tras la muerte de Natalia Emme, quien fue atropellada por un carro de la Fiscalía la semana pasada.Un Fiscal General es, en teoría, la persona más recta de un país; como tal, debería cumplir como un fanático con todas las leyes y abstenerse de abusar de su poder.
En este caso, los hechos son que el vehículo culpable, que transportaba a la esposa del Fiscal, sin placas y con vidrios polarizados, transitaba por una vía exclusiva para buses articulados, y que mató a Natalia Emme de contado, lo que permite suponer que iba a exceso de velocidad.
Todos los días sufrimos los abusos de esos carros oficiales, con vidrios negros, sin placas, que parecen conducidos por delincuentes al margen de la ley. En este caso, sin embargo, el resultado de ese abuso fue la muerte de una inocente.
A lo anterior se suma la inusitada respuesta policial para proteger a los culpables y la elaboración de un parte que ignora las versiones de los testigos. Por si fuera poco, unas horas después, la Fiscalía envió a los medios un boletín de prensa que acusaba a la víctima por el suceso.
Y como si eso no fuera suficiente, los fiscales distritales demostraron anteayer las únicas virtudes que sirven en esta sociedad feudal y mafiosa (el espíritu de cuerpo y la lealtad con el patrón). Pagaron (¿con fondos públicos?) un remitido en el que culpan al “imprudente peatón”, descalifican a los testigos por extranjeros y se adelantan a declarar la inocencia de la esposa del Fiscal.
En esas manos estamos. Es increíble que el Fiscal no haya pedido de inmediato licencia para evitar el evidente conflicto ético que hay en este caso. Ahora ya es tarde y debería renunciar.
Y antes de que los políticos aprovechen el tema, deben ser los ciudadanos los que exijan que se acabe de una vez por todas con el abuso de poder de esos reyezuelos que, al llegar a un cargo público, creen que obtienen el derecho a la impunidad. Si lo consiguieran, eso sí que sería una verdadera revolución ciudadana.
Artículo de opinión publicado originalmente en La Hora, 21 de enero de 2010. Por Simón Espinosa Jalil.
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