Cuba: tres generaciones inútilmente sacrificadas

Puedo escribir los textos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: la revolución cubana va a cumplir 51 años, pésimamente dirigida por los hermanos Castro, y no se avizora el menor síntoma de cambio, alivio o rectificación. El gobierno insiste en el disparatado curso de la planificación centralizada, los planes quinquenales, el colectivismo, la burocracia indolente que todo lo controla, el palo y tentetieso contra cualquiera que desafine en el coro, bajo la autoridad de un partido único guiado por Fidel, el líder amado, y por su hermano Raúl, porque, para colmo, ahora hay que practicar la bigamia cortesana y amar a dos líderes repulsivos simultáneamente.

Fidel y Raúl llegaron al poder sin ninguna experiencia de gobierno hace medio siglo, pero no han logrado aprender nada. Todo un récord. Hoy son dos ancianitos puntillosamente incompetentes, que han agravado hasta el sadismo los cinco elementos básicos que le dan sentido y forma material a cualquier sociedad moderna: alimentación, agua potable, vivienda, transporte y comunicaciones. Si hubiera un premio a la incapacidad gerencial habría que dárselo a estos dos personajes.

Raúl acaba de decir que en el 2009 las exportaciones cayeron un 23%, las importaciones un 37 y las inversiones un 16. Pero esos son números vacíos. Aquí va un dato que es un reflejo más elocuente del panorama general: en el 2009 el país produce la misma cantidad de azúcar que en 1902, cuando no había tractores, electricidad o camiones. En 1902 existían un millón y medio de cubanos que se movilizaban a lomo de caballo. Hoy hay once que ya ni siquiera tienen caballos. El país se hunde por la improductividad tremenda de un sistema que no ha funcionado bien en ninguna latitud, pero que en Cuba ha alcanzado la más profunda sima imaginable.

Esto es importante tenerlo en cuenta para entender el estado anímico de la sociedad cubana: las tres primeras generaciones de la república (1902 a 1958), en medio de crisis económicas --incluida la del 29-- desórdenes, corrupción y periodos dictatoriales, progresó constante y notablemente hasta colocarse en el pelotón de vanguardia de América Latina. Cada una de esas generaciones vivió mejor que la anterior. En cambio, las tres generaciones posteriores que sólo han conocido la dictadura comunista (1959 a 2009) han tenido la experiencia contraria: cada una de ellas ha vivido peor que la precedente. Por eso los cubanos sólo piensan en emigrar: los Castro les enseñaron la cruel lección de que el futuro siempre será más negro, pobre y desagradable que el miserable presente que padecen.

Prueba al canto: una encuesta secreta realizada hace unos meses por el Partido Comunista en la Universidad de La Habana (un universo de 30,000 personas supuestamente simpatizantes del régimen) arrojó unos resultados devastadores: las tres cuartas partes de los estudiantes, profesores y administradores deseaban ardientemente la erradicación del sistema y su sustitución por un modo racional de organizar la convivencia. Los Castro, en lugar de admitir la evidencia, se limitaron a echar al rector, como si el pobre tipo fuera el causante del rechazo que provoca el prolongado disparate revolucionario.

¿Cómo va a terminar este fallido proceso político? Sin duda, con la demolición de esa disparatada forma de gobernar. El sistema comunista tiene muy pocos partidarios reales en el país. Hay, sí, gente que aplaude o que se presta a apalear adversarios en pogromos orquestados por la policía política, pero ya son contadas las personas con convicciones marxistas, persuadidas de que ese modo cruel de estabular a la sociedad algún día les traerá la felicidad a los cubanos.

¿Cuándo va a ocurrir esto? Como todos sabemos, hay que acogerse a la vieja fórmula española con que la oposición democrática, incapaz de arrebatarle el poder a la dictadura o de cambiar sustancialmente el sistema, se resignó a esperar por la muerte de Francisco Franco: la melancólica "solución biológica". Primero, Fidel (83) debe tener la esperada cortesía de morirse, y luego Raúl (78), siempre un buen discípulo, debe seguirle los pasos educadamente.

Raúl, es verdad, intenta consolidar el PC con sus incondicionales para tratar de perpetuar el sistema, pero esa estratagema no funcionará. A ellos, a los Castro, los obedecen por miedo y por la inercia propia de estas largas tiranías --como ocurría en la España de Franco o en la República Dominicana de Trujillo--, pero una vez que desaparece el sultán, o los sultanes, comienzan a aflorar los verdaderos deseos de la inmensa mayoría: enterrar de una vez esta etapa de violencia e irracionalidad que han padecido los cubanos por más de medio siglo.

Artículo de opinión publicado originalmente en
El Nuevo Herald, 27 de diciembre de 2009. Por Carlos Alberto Montaner.

El socialismo mata

Swaminathan Aybar es un notable economista hindú que ha sacado una cuenta muy incómoda. Se le ocurrió medir el enorme precio que pagó la población de la India por no haber hecho antes la reforma económica que hoy mantiene en su país un ritmo de crecimiento que excede el 7% anual, reduce vertiginosamente el porcentaje de pobres y mejora sustancialmente la calidad de vida de los más necesitados. Los números son impresionantes: no haber hecho la reforma con antelación provocó la muerte de 14.5 millones de niños, mantuvo a 261 millones en el analfabetismo y a otros 109 por debajo de los límites de la pobreza. El estudio lo acaba de publicar el Cato Institute de Washington y se titula El socialismo mata.


Los latinoamericanos deberían aprender de esta experiencia. No hacerlo, además de un crimen, es una estupidez casi perfecta. El ejemplo es muy claro: en la India ha habido dos grandes modelos de desarrollo. Entre 1947 y 1981 se ensayó la fórmula de la economía estatizada, dirigida por una enorme burocracia gubernamental, intensamente proteccionista, hostil a la empresa privada y a las inversiones extranjeras, convencida de las ventajas del desarrollo hacia dentro. El resultado de esa etapa socialista fue un crecimiento anual promedio de 3,5 que, cuando se descontaba el aumento de la población, quedaba reducido al 1,49.

Mientras los hindúes seguían esa senda socialista, tan parecida a los ensayos latinoamericanos, desde el peronismo hasta el chavismo, otros pueblos asiáticos --primero Taiwan, Corea del Sur, Hong-Kong, Singapur, luego Tailandia, Malasia e Indonesia-- tomaron el camino contrario: abrieron sus economías, alejaron al gobierno del aparato productivo y fomentaron la iniciativa privada. En otras palabras, liberalizaron decididamente sus economías. Al cabo de apenas una generación, los resultados que exhibían eran pasmosos: disminución drástica de la miseria y la ignorancia, mejora en todos los índices de desarrollo humano y surgimiento de unos robustos sectores sociales medios.

Presionados por esa inocultable realidad, los hindúes hicieron su reforma y abandonaron las fallidas supersticiones del socialismo, primero tibiamente, y luego con mayor ímpetu comenzada la década de 1990, hasta llegar a convertirse hoy en un actor de primer rango internacional que compite en precio y calidad con la China, a la que comienza a disputarle la condición de gran fábrica del mundo. (No olvido la sorpresa de unos amigos que necesitaban contratar un servicio de ventas telefónicas en América Latina y acabaron pactando con la sucursal de una compañía hindú radicada en Cochabamba, Bolivia).

Es importante que los economistas latinoamericanos saquen la cuenta de cuánto nos cuestan los experimentos socialistas en sangre, sudor y lágrimas. Cuánto han pagado y pagan los argentinos por los tercos experimentos del peronismo. Cuál fue la inmensa factura pagada por la sociedad peruana durante la locura de Velasco Alvarado, la nicaragüense con el sandinismo o Cuba con su medio siglo de estalinismo.

La medición podía hacerse a partir de la experiencia chilena: ¿qué hubiera pasado en toda América Latina si los pueblos de nuestra cultura hubieran hecho una reforma económica como la llevada a cabo por los chilenos, iniciada durante la dictadura de Pinochet, pero sabiamente mantenida por los gobiernos de la democracia? En 1959, por ejemplo, Cuba tenía un tercio más de ingreso per cápita que Chile y más o menos la misma población. Hoy Chile triplica el ingreso de los cubanos, su población es un treinta por ciento mayor, y el país sudamericano se ha convertido en la secreta meta y destino de miles de cubanos que han conseguido instalarse allí, incluidos unos cuantos hijos de la clase dirigente convencidos de que el barco de los hermanos Castro se va a pique a corto o medio plazo.

¿Somos capaces los latinoamericanos de aprender en cabeza ajena? Con algunas dificultades, parece que sí. Perú, por ejemplo, es hoy el país que más crece en el continente, y eso se debe a que, de manera creciente, los últimos tres gobiernos peruanos han tenido el sentido común de inspirarse en el vecino Chile y abandonar paulatinamente las viejas prácticas del socialismo estatista. Eso significa menos pobreza y mejores estándares de vida para la inmensa mayoría de la sociedad. Sin embargo, lamentablemente, la racionalidad sigue siendo un bien escaso en nuestro mundo. Mientras los peruanos, como los chilenos, se mueven en la dirección que dicta la experiencia, Hugo Chávez y sus cómplices del socialismo del siglo XXI reinciden en el disparate. Insisten en hacerles daño a sus conciudadanos, convencidos de que los guían en la dirección de la gloria. No se han enterado de que el socialismo mata.

Artículo de opinión publicado originalmente en
El Nuevo Herald, 14 de diciembre de 2009. Por Carlos Alberto Montaner.

Abundancia y pobreza

Incluidos unos $13 000 millones por subsidios a los combustibles y otros entre 2007-2009, en todo el sector público [ecuatoriano] se gastaron $60 000 millones, cifra mayor que los $41 000 millones gastados entre 2000-2006, 50% más que los $41 000 millones gastados en 1990-1999.

Entre 2007-2009, ingresaron $25 000 millones por exportaciones de petróleo y derivados, mientras en 2000-2006 se recibieron $26 000 millones. En 1990-1999, ingresaron $14 000 millones y en 1980-1989 entraron $13 000 millones. En tres años, se recibió tanto como en 20 años. Los dólares de hoy no son los de antes, aún así, las diferencias son abismales.

Luego de gastar sin mesura la abundancia, hay más de 4 millones de personas en el desempleo y subempleo, sin ingresos o con rentas para apenas subsistir y que mantienen a la mayoría de 6 millones de habitantes con hasta 19 años. El 35% de la población es pobre, el 15% está en extrema pobreza. El país produce $300 al mes por persona.

El Estado [ecuatoriano] se acostumbró a gastar sin reparar en los futuros inmensos costos sociales de sus erradas convicciones. Quienes obtienen utilidades al negociar con el Estado no ven más allá de su particular interés. Los que medran del gasto público con sueldos elevados y subsidios que someten voluntades y niegan oportunidades incuban la pobreza de sus hijos.

Los intereses particulares desplazan la valoración colectiva de principios que sustentan el progreso de las naciones: una gestión económica y fiscal responsable, el aprecio de las libertades para crear riqueza, el ser cada vez mejores para estar mejor. La Pro forma de 2010 y los cambios propuestos reflejan que el camino al desarrollo está lejos de ser un sentimiento nacional.

Artículo de análisis publicado originalmente en el
diario Hoy, 14 de diciembre de 2009. Por Jaime Carrera, Observatorio de la Política Fiscal.

Barra libre de falacias

En una sociedad con un mínimo de cultura política y democrática, los electores deben saber distinguir entre un argumento y una falacia. Esta última, según su acepción más común, es un razonamiento incorrecto que carece por completo de valor argumentativo; sin embargo, es emocionalmente muy efectivo para ganar discusiones.

En nuestro país, muchas discusiones no son más que verdaderos tiroteos de falacias. Éstas son mucho más populares de lo que sus aniñados nombres en latín podrían llegar a sugerir. Irónicamente, el presidente Rafael Correa, en su momento el inmaculado político nuevo, ha demostrado ser uno de los mayores adeptos a la falacia.

Puede que su proceder sea inconsciente, pero de todas formas sirve como ejemplo perfecto para ilustrar algunas pocas falacias de atinencia.

Por ejemplo, le encanta el argumento ad populum, que consiste en justificar algo alegando que es popular, o numeroso.

Así, elogia muchas de sus polémicas medidas alegando que en un montón de países se hace lo mismo o que la mayoría de la gente lo apoya.

En un plano similar, emplea el ad verecundiam, consistente en apelar a una supuesta autoridad; así, cita cada sábado a Piero, Blair o quien sea para argumentar que los periodistas son unas ratas, o al Che o a Eloy Alfaro para justificar su programa.

Su preferido, y en donde manifiesta su mejor talento, es el ad hominem: atacar a la persona en lugar de sus argumentos. Tilda de pelucón, corrupto y mediocre, y desentierra el pasado sucio de todo enemigo. También le encanta el lacrimoso ad misericordiam, querer dar lástima, que usa sobre todo para defender a mulas y delincuentes amnistiados, o a su propio grupo, hablando de lo bondadosos que son y lo mucho que han sufrido los de Alianza PAIS [o Circo País].

Ante todo le gusta el ad baculum; apelar a la fuerza. Ese argumento se sintetiza en la más famosa de todas las máximas correístas, “¡va porque va!”, y ha servido para apresurar muchas medidas.

Estos argumentos ganan votos; el problema es que vencer con ellos es construir sobre el más débil de los cimientos: la mentira.

Artículo de opinión publicado originalmente en
La Hora, 02 de diciembre de 2009. Por Daniel Márquez Soares.

El camino de Chile

El resultado de las elecciones muestra un Estado sólido que camina con firmeza, al margen de la ideología de quien lo conduce.

Aunque el panorama es confuso en relación con la segunda vuelta presidencial, que se realizará el próximo 17 de enero, los resultados de los comicios de este domingo en Chile dejan claro que es una sociedad políticamente madura, que entiende la estabilidad y el desarrollo no como fruto de iluminados o caudillos sino como un proceso consensuado entre sus líderes.

No de otra manera se entiende que un candidato de derecha, cercano incluso a ciertos sectores de la ex dictadura pinochetista, sea el postulante que recibió el mayor caudal de votos, mientras el aspirante del oficialismo alcanzó el segundo lugar, a considerable distancia del triunfador, pese a que la actual Presidenta tiene alrededor de un 80 por ciento de popularidad.

El escenario inédito será que, por primera vez en la historia, después de la salida del poder del general Pinochet, las curules para diputados y senadores probablemente sean ocupadas por una mayoría favorable al candidato de la derecha.

¿Cuánto afectará esa situación al proceso democrático de Chile? No mucho, al parecer, pues en ese país reina la sensación de que, gane quien gane la Presidencia en los comicios de la segunda vuelta, no habrá grandes cambios en el especial modelo económico (una mezcla de neoliberalismo y socialismo europeo) que inició Pinochet y que consolidó la Concertación (coalición de partidos de izquierda y de centro que ha gobernado por 19 años consecutivos).

La principal lección que América Latina puede recoger del proceso chileno es que sí es posible construir un Estado moderno y progresista con base en grandes acuerdos nacionales y por sobre intereses partidistas o visiones ideológicas sesgadas.

Artículo de opinión publicado originalmente en
El Comercio, 15 de diciembre de 2009. Por Editorial El Comercio.

Sentido común

Andrés Velasco es un economista chileno de 48 años de edad que va a terminar su gestión de cuatro años al mando de la economía de ese país como parte del Gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, que llega a las elecciones democráticas de fin de período con un 70% de nivel de aprobación, en el que, curiosamente, el ministro más conocido y querido es el de Hacienda, es decir, Andrés Velasco. En una entrevista a la revista Latin Trade, Velasco da la receta del éxito de su gestión: "Los Gobiernos deberían comportarse como familias sensatas. Cuando se cuenta con un ingreso extraordinario, uno debería ahorrar una buena parte para cuando llegan las vacas flacas". Según Velasco, América Latina es una región "de vacas gordas y flacas, mal administradas", con innumerables episodios de precios altos del cobre, del estaño o del petróleo que han generado momentos de prosperidad que son insostenibles en el corto plazo. Para romper ese círculo vicioso y demostrar que en Latinoamérica "podíamos administrar el boom del precio de los commodities (o precios de las materias primas básicas), el Gobierno, en lugar de gastar, ahorró", afirma Velasco. Entre 2005 y 2008, Chile ahorró los ingresos extraordinarios del Fisco producto del aumento del precio del cobre, el estaño y el petróleo y logró superávits fiscales por más de $42 000 millones o un cuarto del PIB de Chile, los que alimentaron los fondos de estabilización macroeconómica. Esto, obviamente, fue muy impopular al principio. Pero en 2008 y 2009, cuando la crisis internacional se desató y el Gobierno chileno decidió gastar los recursos ahorrados para amortiguar el impacto de la crisis internacional, el ciudadano chileno medio empezó a ver de manera diferente a Bachelet y Velasco, y los dos terminan con su popularidad en la cima. Como afirma Gideon Long, Chile nos enseñó en este período la forma cómo recobrar el sentido común en tiempos de superávit.

[Por otro lado en Ecuador] Si uno mira la magnitud del crecimiento, la estructura y los resultados de la Pro forma presupuestaria enviada por el Ejecutivo a la Asamblea Nacional para el año 2010, se da cuenta de cuánto de sentido común y visión de largo plazo ha perdido este Gobierno. Se plantea un Presupuesto con un estimado de crecimiento económico del 6,8% cuando la inversión privada en la economía es muy débil; un déficit presupuestario de más de $3 000 millones producto de un gasto creciente; necesidades de financiamiento por más de $4 000 millones, lo que implica nuevo endeudamiento; incremento del gasto corriente y de los subsidios. Es decir, las metas del manejo de los recursos públicos van en sentido exactamente inverso a lo que la prudencia fiscal y el sentido común aconsejan, a lo que Chile hizo para administrar el boom económico. Gastar y no ahorrar parece ser extraña filosofía del Gobierno, esta forma curiosa de manejar los ingresos extraordinarios del país.

De ahí surge la lógica cuestión que muchos economistas se plantean: ¿hasta cuándo es sostenible esta política fiscal? ¿Qué va a pasar cuando el favorable entorno internacional se convierta en uno de vacas flacas? ¿Por qué no recuperar el sentido común durante la abundancia y no perderlo todo en la escasez?

Artículo de opinión publicado originalmente en el
diario Hoy, 02 de diciembre de 2009. Por José Samaniego Ponce.

¿Hacia donde nos llevan?

La Internacional Comunista fue disuelta por sus dirigentes hace más de 60 años gracias a la evolución y la madurez de los partidos comunistas en la Unión soviética, a los cambios en los países de la Europa del Este, a las nuevas circunstancias del mundo que superó los enunciados iniciales del marxismo y a las relaciones con los países capitalistas aliados en un nuevo orden de la economía mundial. Los pocos pueblos gobernados por regímenes comunistas que quedaban, como Cuba y Corea del Norte, no podían conformar una nueva internacional comunista debido a la imposibilidad de mostrar al mundo otros logros que no fueran una población sumida en la pobreza, caracterizada por la carencia de alimentos que obligaba a la población a formar filas para tratar de abastecerse de los productos básicos para su subsistencia. Sin embargo, Chávez convoca a la Quinta Internacional Comunista con la pretensión de que resurja desde las cenizas del comunismo del siglo pasado para incrustarse en el comunismo chavista del siglo XXI, bajo el tutelaje de autocracias, algunas, bajo sospecha de terrorismo internacional. Se van despejando las incógnitas. Al ofrecer sus didácticas explicaciones sobre cómo debe bañarse un revolucionario, el presidente Chávez exclamó que si no se ahorra el agua en ese precioso tiempo de tres minutos, ¡qué clase de comunismo tenemos!


Está quedando claro entonces que el socialismo del siglo XXI, sistema en construcción, como se indicó inicialmente, es solo un proceso que permitirá el paso hacia el comunismo, sistema social cuyas características son la abolición de la propiedad privada, la pérdida de la libertad, la extinción del Estado y, como lo ha demostrado la historia reciente, la sumisión incondicional a un caudillo. En este proceso, parece ser que se pasará por un capitalismo de Estado, en el que los bienes de la producción serán administrados por el partido de Gobierno. Venezuela acaba de abolir por decreto la propiedad privada en Caracas al declarar Patrimonio Cultural a una gran parte de la urbe, con la prohibición de enajenar dichos bienes y la advertencia a los registradores de la propiedad de abstenerse de realizar ningún registro en este sentido. Abusiva forma de apropiación de los bienes de los particulares y de abolir su valor económico al eliminar la posibilidad de venta, de hipoteca y, en general, de transformar una garantía en préstamo. Con esta medida, anuló de un solo plumazo el patrimonio de las personas y redujo a estas a arrendatarias y dependientes del Estado, es decir, para el caso, de una sola persona, el presidente Chávez. En todo este proceso, las leyes dictadas a la medida de los deseos del gobernante es la tónica; evitar la libertad de expresión y coartar el derecho de los ciudadanos a estar informados. Así, los "nuevos demócratas" del mundo podrán decir que "todo es legal".

¿Será este el camino que va a seguir el Ecuador? El cambio que anhelaban los ecuatorianos implicaba pérdida de la libertad y de la propiedad privada?

Artículo de opinión publicado originalmente en el
diario Hoy, 02 de diciembre de 2009. Por Elsa de Mena.

Recogiendo los llantos [del llorón de Lovaina]

El presidente Correa se ha quejado del Ecuador en la Universidad de Lovaina, Bélgica, donde un día gracias a gestiones de la Universidad Católica de Guayaquil siguió un curso de posgrado. Esta es la segunda vez que se lamenta del Ecuador en ese centro de estudios. La primera vez, según él mismo lo admitió, fue cuando descubrió lo poco que la Católica le había enseñado de economía, algo por lo que lloraba a menudo.

No sabemos si esta vez volvió a llorar en Lovaina. Lo que sí informó la agencia de noticias EFE fue que lanzó las consabidas quejas contra los periodistas independientes, reiteró su apoyo a la así llamada “Ley Mordaza” y su firme decisión para que se impongan sanciones a los periodistas que no digan “la verdad”.

Lo que el presidente Correa no sabe es que Bélgica, con 20 y pico de periódicos, es uno de los países más liberales en materia de comunicación en el mundo. En el 2007, Reporteros sin Fronteras, una organización no gubernamental, clasificó a Bélgica como el quinto país en el mundo con mayor libertad de prensa, precedido por Islandia, Noruega, Eslovaquia y Estonia. En Bélgica, a ningún político, a ningún académico relativamente serio se le pasaría por la cabeza proponer que se constituya un organismo como el que Correa quiere establecer en el Ecuador para sancionar a los periodistas y cerrar medios de comunicación por no decir “la verdad”. Tampoco lo hay en Alemania, Chile y decenas de países democráticos que hemos investigado.

El artículo 19 de la Constitución belga reconoce el derecho a la libre expresión en todas las materias, sin perjuicio, obviamente, de la represión de los delitos que pudiesen cometerse en ejercicio de esa libertad. El artículo 25 declara que “la prensa es libre, no pudiendo nunca establecerse la censura”.

Curiosamente, la referencia a los delitos (injuria, difamación, etcétera) que puedan incurrirse en ejercicio de la libertad de expresión –que es el régimen que tradicionalmente ha existido en el Ecuador y en otras naciones– ha sido abandonada en la práctica por obra del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

En Bélgica, como en muchos países europeos, los medios se rigen por códigos de conducta voluntarios, no por leyes sancionadoras. Lo que sí hay en Bélgica son leyes que garantizan el acceso de la prensa a la información.

Una de 1998, por ejemplo, obliga al Ministro Fiscal a designar un funcionario para atender los pedidos de la prensa. Bueno, tampoco en Bélgica hay cadenas nacionales a cada rato, ni le está permitido al Jefe de Gobierno dedicarse a insultar por la radio a quienes disienten. De hacerlo, hace rato que estaría sancionado por la justicia.

La prensa belga es conocida por su agresivo escrutinio de los funcionarios públicos. Desde las infidelidades familiares hasta sus pactos políticos, nada se salva de ser publicado. En fin, es difícil entender qué hizo Correa en Lovaina. Ha demostrado que no aprendió de economía. Ahora vemos que tampoco se enteró sobre su libertad de expresión.

Artículo de opinión publicado originalmente en
El Universo, 01 de diciembre de 2009. Por Hernán Pérez Loose.

Los ‘incomunes’

Este terminajo no es español, se usa en portugués y es el nombre de un reportaje publicado por la revista Veja de Brasil, con el título de La ética de los ‘incomunes’. ¿Qué quiere decir la revista con esta curiosa palabra?

La nota periodística comienza con la historia de una dueña de casa, Francisca Gonçalvez Lima, cuatro hijos, moradora de Recanto das Emas, un barrio periférico de Brasilia. Debía un poco más de USD 100 por el arriendo de una miserable vivienda y entró en pánico.

En medio de su desesperación añadió veneno para los ratones en el jugo que ingirieron sus cuatro hijos. Lo que sobró del líquido se lo bebió, pero no le alcanzó para morir y sus hijos también sobrevivieron.

Francisca Gonçalvez Lima es una mujer común, como la mayoría de brasileños y de latinoamericanos, una pecadora de acuerdo con las leyes de Dios y una criminal desde el punto de vista de la justicia tradicional.

En contraste, los ‘incomunes’ son los poderosos, los políticos que detentan el poder, que se inventan leyes para gozar de privilegios. A 30 kilómetros de este drama está el poder político, el que manejan los ‘incomunes’ como el senador y ex presidente José Sarney y también Lula.

Sarney fue el primer Presidente brasileño tras 21 años de dictadura porque el mandatario electo, Tancredo Neves, murió poco antes de asumir el poder. Sarney y su familia ejercen un poder omnímodo y, sin importar las ilegalidades cometidas, según su amigo Lula no pueden ser juzgados como si se tratara de personas comunes.

Común como doña Francisca, a quien le aguarda una pena de por lo menos 30 años de prisión y a sus hijos la desgracia de criarse sin su madre. Así es el mundo de las personas comunes, de acuerdo con la reflexión de Veja al final de un descarnado reportaje.

Desde que Lula y el Partido de los Trabajadores llegaron al poder han sobrevivido a pequeños y a grandes escándalos, como cuando la ex ministra Benedita da Silva usó dinero público para viajar a Argentina para participar en una reunión de carácter religioso.

El poder y la relación política de Benedita evitaron que vaya a parar a la cárcel, pero no pudo impedir que deje su cargo porque la prensa, “escandalosa” como siempre, no la soltó hasta que reciba una sanción, por lo menos moral.

Incómodo por las críticas, Lula dictó sentencia: “el deber de la prensa es informar y no fiscalizar”. El dirigente de izquierda, maduro de tantas batallas políticas, a veces sufre de amnesia y no recuerda que fue la prensa la que ayudó a que su archirrival político, Fernando Collor de Melo, fuese obligado a dejar el poder por un caso de corrupción. No importa cual es la ideología, los ‘incomunes’ sufren de una enfermedad común denominada autoritarismo.

Artículo de opinión publicado originalmente en
El Comercio, 01 de diciembre de 2009. Por Fernando Larenas.

Somalia, un estado fallido

La República Somalí, es un estado ubicado en el "cuerno de África", al este del continente, poblado por 8,2 millones de habitantes. Sus casi 650.000 km cuadrados son, en su mayoría, desérticos. Sus habitantes han estado en competencia constante por agua y pastos desde la antigüedad. Por tradición, los somalíes son pastores nómadas de cabras, de camellos y de ganado, comparten la misma fe islámica y la lengua, formando uno de los bloques de una sola etnia más grandes de África. Lo que siempre mantuvo unido a este país fue su complejo sistema de clanes, dominado por cinco clanes familiares principales. Los mecanismos internos que regulaban las relaciones entre los clanes comenzaron a destruirse con la llegada de los europeos.

A través de los siglos XIX y XX, británicos, franceses e italianos establecieron sedes en esta región. La Somalia actual surgió el 1 de julio de 1960 con la unión de los territorios del Protectorado de la Somalilandia Británica y la Somalia Italiana, hasta entonces parte del África Oriental Italiana. La entonces denominada Somalilandia Francesa conseguiría la independencia por separado, convirtiéndose en el actual Yibuti. Una vez que los poderes coloniales se marcharon, un nacionalismo utópico se apoderó del pueblo somalí, el mismo que no tardó en quedar frustrado por los enfrentamientos entre clanes. Debido al vacío de poder generado por las hostilidades, el dictador Mohamen Siad Barre asumió el mando en 1969. Prohibió los clanes y promovió el socialismo por encima del tribalismo.

Mogadiscio, la ciudad capital, es el punto cero de este país fracasado donde gobiernan terroristas y piratas. Desde el derrocamiento del dictador Mohamed Siad Barre, en 1991, el país se sumió en la anarquía y en la guerra civil. Se formaron las milicias islámicas extremistas al Shabaab y Hizbul Islam, las cuales se encuentran en una feroz lucha por el poder con el Gobierno Federal de Transición (TFG, por sus siglas en inglés), débil alianza formada por islamistas moderados, y respaldada por la ONU. En 1992 Estados Unidos envió tropas para asistir con la repartición de alimentos, ayudando a socorrer a una población que pasaba por una hambruna. Pero el CUS (Congreso Unido Somalí) se opuso a esta intervención y provocó la salida de la ayuda extranjera. Las tropas de ambos bandos se enfrentan constantemente, más ahora que las fuerzas etíopes, quienes invadieron el país a finales de 2006 para derrocar a un breve gobierno islámico y apoyar al TFG, se retiraron en enero de 2009.

Las milicias islámicas rebeldes ofrecen $ 150 mensuales (muchas veces por adelantado) a quienes se enrolen en sus filas. Oferta muy tentadora para la mayoría de personas, considerando que, prácticamente, no existen empleos formales y que, actividades como la pesca y el pastoreo, generan dos o tres dólares diarios.

La costa norte de Somalia, con vista hacia el Golfo de Adén y el Océano Índico, sirve de base de operaciones a piratas que atacan a vapores comerciales que cubren las rutas entre Europa y Asia. El 8 de abril de este año (2009), el vapor Maersk Alabama fue atacado por piratas somalíes, quienes sometieron a toda su tripulación que, por cierto, era de nacionalidad estadounidense en su mayoría. Gracias a la pronta y espectacular acción de la marina estadounidense, se pudo liberar a todos los tripulantes sin sufrir bajas, luego de matar a tres de los cuatro captores. Este mismo vapor fue atacado nuevamente, sin éxito, el 18 de noviembre. Se estima que permanecen 250 rehenes en manos de piratas en espera de ser liberados a cambio de algún tipo de rescate.

Este conflicto sin fin, ha provocado una masiva migración hacia campos de refugiados en Kenia, Yemen o Somalilandia. Los que se quedaron, más de un millón de personas, han terminado en campos internos para desplazados donde el hambre y la enfermedad siempre están presentes.

En contraste, existe un territorio en el norte llamado Somalilandia, donde su población se ha organizado, dejando de lado las armas y la violencia, y ha llegado a un acuerdo para fundar una democracia y una sociedad estable y funcional. A pesar de que la prosperidad no ha llegado, la gente vive en relativa tranquilidad. La gran mayoría de personas se dedican a la pesca artesanal, al pastoreo de ganado y a la elaboración de carbón. Sus pobladores reclaman la atención por parte de organismos internacionales de cooperación, quienes han enfocado su ayuda a Somalia, logrando casi nada. Ningún gobierno en el mundo ha reconocido a Somalilandia como nación soberana, a pesar del esfuerzo de sus habitantes por desarrollarse y vivir en paz. Este es un claro ejemplo de que las personas tienden a organizarse automáticamente en busca del bienestar común, sin la necesidad de la presencia de un estado interventor.

De acuerdo a un reporte publicado en la revista National Geographic (septiembre de 2009), más de 1.000 millones de personas viven en países fallidos. Algunos gobernantes pierden el control de su territorio y se refugian en las capitales, mientras los caudillos y rebeldes gobiernan las provincias y las zonas rurales, sembrando el terror. Muchos gobiernos son incapaces o no están dispuestos a proporcionar los servicios más elementales a la población. Estos estados inestables no solo son un riesgo para sí mismos, sino para sus vecinos y para todo el mundo. Dan cobijo a la corrupción, al terrorismo, al narcotráfico y al extremismo político.

El Índice de Estados Fallidos, publicado desde 2005 por el Fondo para la Paz y la revista Foreign Policy, considera doce indicadores políticos, económicos y sociales para calcular la inestabilidad de una nación. La escala va de 0 a 120 puntos, mientras más alta es la calificación de un país, éste es más inestable.

El promedio regional para África es de 87 puntos (con la más alta calificación: Somalia, Zimbabwe Chad y Sudán); Asia, 82 puntos (con la más alta calificación: Afganistán, Pakistán, Myanmar y Corea del Norte); Oriente Medio, 77 puntos (con la más alta calificación: Irak, Yemen, Líbano e Irán); América, 68 puntos (con la más alta calificación: Haití, Colombia, Bolivia y Nicaragua); Australia y Oceanía, 64 puntos (con la más alta calificación: Islas Salomón, Papúa Nueva Guinea, Islas Fiji y Micronesia); y, Europa, 47 puntos (con la más alta calificación: Moldavia, Bosnia y Herzegovina, Bielorrusia y Rusia).

Al fin y al cabo, la pregunta de si un estado ha fracasado, quizá sea contestada de mejor manera por su propio pueblo, quien es fiel testigo de la realidad a diario.

Artículo de opinión escrito y publicado en OtrosCucos.net por
Juan Francisco Bolaños T.

Déficit, desempleo, recesión

Con decisión política y desinfectando la economía de la politiquería, del dogmatismo ideológico y del desperdicio, se podría gradualmente ir corrigiendo varios de los problemas de difícil solución pero no imposibles. El Ecuador de noviembre 2009 adolece de un déficit fiscal proyectado para el 2010 de $4 600 millones, 8,2% del PIB, que con un supuesto financiamiento interno y externo se reduciría a $3 000 millones, 5,3% del PIB. Al mismo tiempo, el año 2009 la economía tendría un crecimiento cercano a cero con más de tres trimestres consecutivos de caídas de producción, recesión en cualquier parte del mundo, y un 2010 que no registrará un crecimiento mayor al 3%. Muestra también un desequilibrio externo en su comercio exterior de $1 300 millones el año 2009 y un pequeño superávit comercial estimado en $14 millones para en 2010.

Así mismo, mantiene el desempleo cercano al 10% y un subempleo del 51% de la población económicamente activa, es decir, seis de cada 10 ecuatorianos o está desempleado o subempleado sin contar con aquellos que ya no buscan empleo y escapan de estas cifras. Esto último, por cierto, de una gravedad significativa que alimenta la inseguridad y la delincuencia.

Lamentablemente las posibilidades de revertir esta realidad no son altas, pues el sesgo ideológico lejos de moderarse se ha ido radicalizando. Ya está el líder venezolano gritando a todo pulmón la instauración de la V Internacional Socialista por no decir claramente la V Internacional Comunista, en un discurso no solo fuera de lugar por el desastre que fueron estos regímenes en la historia de la humanidad, sino además increíblemente aupado y de forma inaudita por delegados ecuatorianos, ellos también desenfocados del momento que vive el mundo. Estamos probablemente a años luz de esperar un manejo ordenado de las finanzas públicas, de una gestión que promueva la inversión extranjera y atraiga financiamiento internacional y de una búsqueda por revivir la inversión privada para contrarrestar el problema del empleo. Probablemente los deseos de rectificación calzan más en lo que algún político llamó años atrás como "sueños de perro".

Un país que administra la economía sin el menor cuidado, que persigue un sistema atentatorio de las libertades públicas, que amenaza la democracia y se aísla de la economía internacional, está destinado al fracaso con todo lo que ello conlleva. El trágico desenlace de una gestión pública de esas características es muy probable. O revienta por la economía o revienta por la política. Podrá sobrevivir cierto tiempo pero el futuro no cambia. No se sabe la fecha pero el final se puede esperar. ¿Acaso los ecuatorianos podemos vivir esperando todos los días que suene el teléfono para avisarnos de algún familiar asesinado? ¿Cómo produzco más y contrato más trabajadores si el financiamiento es limitado, si aumentan impuestos en plena recesión, si entorpecen la administración privada con salarios "dignos" que son más bien salarios demagógicos y, además, cómo produzco con normalidad sin luz?

Artículo de opinión publicado originalmente en el
diario Hoy, 30 de noviembre de 2009. Por Mauricio Pozo Crespo.
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