Este costo, que será mayor con aumentos de sueldos a maestros y otros, representará más del 10% del Producto Interno Bruto (PIB) o 60 % del gasto corriente. Este último, superior al ingreso tributario, exigirá más impuestos para sostenerlo, con el consecuente debilitamiento de la actividad privada y sus efectos en mayor desempleo y subempleo [empleo informal].Además, los elevados e insostenibles gastos fijos impiden ahorrar para el servicio de la deuda, tornan incierta la sostenibilidad de las finanzas públicas, deterioran la solvencia y envían mensajes negativos para la inversión y el crecimiento de la economía.
La expansión burocrática responde a un modelo populista-clientelar que ubica al Estado como centro de las actividades económicas y sociales, que minimiza y hostiliza la actividad privada y que pretende sustituirla con un sector público adiposo. Mantener un aparato estatal privilegiado y plagado de instituciones exacerbará su ineficiencia y aumentará la pobreza de las mayorías.
Es bueno recordar que en el boom petrolero de los setenta se multiplicó la burocracia, el país se endeudó; en 1980, se duplicaron el presupuesto y los salarios y se asignaron más recursos para educación y salud. Como las soluciones mágicas no existen, las consecuencias las pagamos en los ochenta y noventa. Es irresponsable olvidar las lecciones del pasado.
[Un breve comentario adicional, por cada puesto que se genera en la burocracia estatal, se pierde a una persona que podría dedicarse a realizar alguna actividad productiva, la misma que generaría fuentes de trabajo para otros individuos. El trabajo de un burócrata no origina más que gasto -y molestias y trabas a los usuarios de los servicios públicos-].
Artículo de análisis publicado originalmente en el diario Hoy, 30 de noviembre de 2009. Por Jaime Carrera, Observatorio de la Política Fiscal.
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