
Por Felipe Burbano de Lara
[Desde hace algún tiempo he sentido la necesidad de escribir un artículo respecto a este señor, sin embargo, veo que se me han adelantado...].
Su postura mezcla paternalismo y prejuicios ideológicos. El paternalismo le lleva a establecer qué pueden comprar los pobres y a quiénes, qué deben consumir, cómo gastar su dinero, cómo manejar sus economías. ¿Qué sabe -me pregunto yo- Vallejo de las necesidades y gustos de consumo de los pobres para defender una elevación tan absurda de las tasas de interés al consumo con tarjetas de crédito? La necesidad de proteger a los pobres le llevó –vaya paradoja- a determinarles sus prácticas de consumo. Lo más maravilloso de todo este asunto es que Vallejo pretende justificar su posición en argumentos técnicos. Después de escuchar sus argumentos, pareciera que la razón técnica se sustenta en una mentalidad arcaizante.
Pero el paternalismo, propio de quienes sienten la autoridad moral y política para hablar y decidir por los pobres, se carga con una retahíla de prejuicios ideológicos. Los pobres no deben enriquecer a los importadores... Vaya teoría.
Entonces no deben consumir nada que no sea producido por ellos mismos, deben abstenerse de ir al mercado, de aspirar al consumo de productos elaborados o traídos por las clases dominantes. Vallejo tendrá que confeccionar una larga lista de productos que los pobres no deben consumir para evitar que beneficien a los ricos. Al paso que vamos, las oficinas públicas se van a llenar de largas listas de lo que está permitido y prohibido bajo la revolución ciudadana.
Es sorprendente cómo Rafael Correa ha premiado con tanto poder a un señor con la trayectoria de Vallejo. Encarna a la perfección la vieja guardia política, con un agravante en su caso: la confusión y el extravío ideológico. De promotor del desarrollo rural, se convirtió en militante democristiano [sí, la Democracia Popular, partido del ex presidente Jamil Mahuad], para luego pasar a las filas del Prian -la larga noche oligárquica de Vallejo- y unirse finalmente a la revolución ciudadana. Su recorrido le ha llevado a ocupar casi todas las posiciones imaginables del espectro ideológico. ¿Qué consistencia se puede esperar de sus orientaciones de política económica? [Adicionalmente, encuentro profundas y absurdas contradicciones respecto a su actual ideología y a la actividad empresarial que desarrolla; para los que no lo saben, Vallejo es dueño de florícolas y de fincas de palma africana; teniendo dinero es muy bonito y muy fácil ser socialista, ¿no?].
El paternalismo y los prejuicios ideológicos son rasgos de una mentalidad que carcome los presupuestos filosóficos de una revolución ciudadana. Desde su origen histórico, la noción de ciudadanía reconoce a las personas, sin distinción alguna, la capacidad para actuar con libertad, autonomía, madurez intelectual, racionalidad, sentido crítico. ¿Qué democracia podemos construir con una élite que se siente en condiciones incluso de fijar las pautas de consumo y compra, de señalarle cómo usar sus recursos y cómo administrar su economía a los pobres? ¿No muestra esa mentalidad un gran desprecio por la condición de ciudadanos de los pobres? Me parece, con todo el perdón, el comportamiento de un viejo patrón de hacienda disfrazado de ideología de izquierda.
Vista la revolución desde Vallejo, estamos en un proceso de involución política, tan grave como cuando vemos la pretensión de calificar las entrevistas periodísticas como favorables, neutras o en contra. La vieja guardia instalada en lugares claves para darle su marca ideológica al proceso de refundar. Suena a peligroso anacronismo.
Artículo de opinión publicado originalmente en el diario Hoy, 09 de junio de 2009.
2 comentarios:
Hola Juan Francisco, necesito contactarme contigo pero no encuentro ninguna info de contacto. Porfa ASAP ayúdame con algún email. Es sobre el Barcamp Gye. Gracias.
Fernando, mi correo es jfbolanos-arroba-gmail.com.
Publicar un comentario en la entrada