El voto a los 16

Artículo de opinión publicado originalmente en el diario El Comercio, 10 de noviembre de 2008.

Por Carlos Larreátegui

El artículo 62, numeral segundo, de la nueva Constitución establece el voto facultativo para las personas comprendidas entre los 16 y 18 años de edad. La inclusión de este derecho de los adolescentes al sufragio ha sido ampliamente criticada, invocando los niveles de madurez y responsabilidad que contendría este voto. Más allá de consideraciones como esas, es necesario analizar el impacto que podría tener el ejercicio de este derecho.

Existen alrededor de 300 000 alumnos secundarios comprendidos entre los 16 y 18 años de edad. La incursión de estos grupos en política terminará generando dinámicas similares a las ocurridas en las universidades públicas ecuatorianas, con sus estelas de confrontación política y violencia, y el inevitable deterioro de los niveles académicos. El problema resulta aún más grave, si consideramos que la politización de muchos colegios -especialmente públicos- creará una matriz que se trasladará luego, con mayor fuerza, al sector universitario.

A nadie le queda la menor duda del origen de este planteamiento constitucional. La presión del MPD y los cálculos electorales realizados por ciertos asambleístas ávidos de poder permitieron consagrar este peligroso esquema. Gracias al control que ejerce este partido sobre un gran número de profesores de educación media, es indudable que sus planes políticos involucrarán fuertemente a los estudiantes secundarios para asegurar una votación cautiva que permita su fortalecimiento. Los estudiantes de 16 años son espíritus sanos, vulnerables y maleables. No será difícil para el MPD inculcar sus tesis maoístas a pesar de su fracaso histórico y su grotesca desconexión con la realidad. El Ecuador es uno de los pocos países en el mundo que mantiene con vida a un partido de esta línea, gracias a electorados cautivos construidos con enorme habilidad. Debido a entendimientos y pactos con la partidocracia y con gobiernos como el del coronel Gutiérrez, el MPD ha recibido dosis importantes de oxígeno. No es coincidencia que esta organización sea uno de los pocos náufragos del sistema de partidos.

El derecho de voto para los adolescentes es el mayor triunfo político obtenido por el MPD. Su capacidad de control sobre colegios y universidades aumentará considerablemente, lo que se traducirá en votos y poder para negociar y empujar sus intereses. Si añadimos el nuevo esquema de absoluta gratuidad de la enseñanza, los peligros de politización son mayores por la disminución de incentivos y el probable aumento de repetición. Los riesgos de manipulación son enormes. Que lo de vox pópuli, vox Dei no se transforme en vox pópuli, vox diaboli.
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