¿Por qué Chávez está armando a grupos irregulares?

[Las imágenes hablan por sí solas].


La factura de la lavandería

¿Quién se puede gastar USD264.000 al año en prendas de vestir? ¡Un rico! ¿Quién más? Un rico de verdad, con un fajo de billetes en la mano, que no mira los precios de los productos que desea comprar. ¿Cuántos pantalones caben en esa cifra? ¿Cuántas camisas? Con esa cantidad, de seguro, se podría arreglar alguna sala de emergencia del algún hospital. Sin duda, hay que ser muy rico para disponer de tantos sueldos mínimos frente a una vitrina.

¿Quién tiene un presupuesto de USD18.500 al año en calzado? ¡Un millonario! Obviamente. Alguien que casi puede ponerse un par de zapatos distintos cada día. Y con ese dineral, por supuesto que no estamos hablando de cotizas compradas en el mercado de Dabajuro. Ni de unas patrióticas chancletas Lord Nelson, de plástico grueso y de color carey. Esos zapatos con tantos ceros se hacen en Italia, en Francia, en Inglaterra' no se pueden pagar con la regulación oficial. Las cuotas de Cadivi no dan ni para los cordones.

Hay más: ¿qué clase de persona puede invertir cada año casi USD150.000 en champú, en cremitas, en desodorante o en perfume? Pues, cómo decirlo, una persona algo exquisita, probablemente una persona delicada, muy pendiente de su aspecto' pero bien, de seguro, ricachona, claro está, con suficiente dinero como para rociárselo encima cada mañana.

Supongo que a estas alturas el lector ya debe al menos sospechar que simplemente estoy estrujando un poco el presupuesto de gastos personales de la Presidencia de la República para el 2010. Según una información, basada a los datos aprobados por la Asamblea Nacional y aparecida en The Miami Herald, los gastos personales del Presidente, para este año, tienen un incremento de 600% y superan el presupuesto asignado para el Ministerio de Cultura. ¿Alguien habló de los museos? La historia tiene otras prioridades.

A cualquiera se le arruga la cédula y la dignidad cuando escucha al Presidente decir que ser rico es “una maldición”, “una perversión humana”. Su presupuesto personal calcula que este año, nada más en agencias de festejos, gastará casi USD 3 millones. Maldita perversión.

El procedimiento es sencillo pero eficaz: Chávez ha convertido la riqueza en un problema moral. La de los otros es un pecado. La suya es un santo milagro. Ese es su mayor éxito: él es la representación del pueblo y, por tanto, la única riqueza legítima que puede existir en el país es la suya. El logro mayor de esta supuesta revolución no está en las condiciones objetivas de la realidad sino en el territorio de los símbolos, de las representaciones. Todas las riquezas son ilegales, espurias, excepto la de Chávez. Se trata de un cambio aparentemente diminuto pero definitivo: Sacralizar el saqueo.

Artículo de opinión publicado originalmente en
El Comercio, 28 de mayo de 2010. Por Alberto Barrera Tyszka.

¿Servidores públicos?

[Una cruda y cruel realidad que se observa en casi todos los países del mundo, burócratas cuyo trabajo no es productivo en términos de generación de riqueza y que viven parasitariamente, en mejores condiciones que la persona promedio, gracias a los impuestos y aportes de los ciudadanos. En muchos casos, la burocracia se encarga de impedir o entorpecer el trabajo de las personas naturales o jurídicas a través de la aplicación de leyes, normas, decretos y reglamentos muy difíciles de cumplir, todo esto en nombre del supuesto "bien común". "La ley es la ley", dicen].

Si tuviéramos que caracterizar al Estado, diríamos que ha sido el instrumento mediante el cual unos pocos han vivido a expensas de todos los demás. Así ha sucedido a lo largo de la historia, en teocracias, monarquías, imperios y supuestas democracias.

Teóricamente, el sistema republicano de gobierno fue concebido para impedir que eso siguiera sucediendo. Y para ello, uno de los fundamentos principales fue considerar a los gobernantes y a sus burocracias como servidores públicos, no como dueños del poder, como antes ocurría. En esa línea de pensamiento, algunos de los más perspicaces intelectuales ya señalaban en la Antigüedad Clásica que la "isonomía" (la igualdad de derechos civiles y políticos), no la democracia, esel más elevado de los conceptos políticos.

Pero la realidad cotidiana nos demuestra que seguimos muy lejos de alcanzar ese objetivo. En algunos países los abusos son flagrantes y en otros más disimulados. Pero por doquier las autoridades y sus acólitos están muy lejos de percibirse y actuar como "servidores públicos". Los innumerables privilegios y prerrogativas que se auto otorgan causan verdadera indignación.

Un ejemplo es lo que ocurre en Uruguay. Cuando un trabajador del sector privado es despedido tiene derecho a percibir un subsidio por desempleo que recibe del Banco de Previsión Social. Esa ayuda dura seis meses, tiene límite y es decreciente a medida que pasa el tiempo. Durante el primer mes la persona recibe el 66% de su sueldo, con un tope de 22.671 pesos, el segundo mes 57%, el tercero 50% y así sucesivamente hasta el sexto mes, con 40% y un tope de 12.366 pesos.

En cambio, cuando un legislador no es reelegido puede pedir un subsidio al Parlamento. Esa ayuda es de 85% del sueldo que percibía, dura un año, sin ninguna limitación. El sueldo nominal de un legislador es de 106.216 pesos. A eso hay que sumarle 15.289 pesos por gastos de representación, 66.138 pesos para el pago de secretarios, 12.340 pesos para comprar la prensa diaria y 2.861 pesos por servicio de telefonía móvil. Además, aquellos que han ejercido cargos políticos durante no menos de tres años pueden solicitar un subsidio equivalente al 85% de su sueldo.

Otra gran diferencia entre los llamados "servidores públicos" y los simples ciudadanos es que mientras los trabajadores del sector privado pierden el derecho a recibir pagos por desempleo si son procesados por la justicia, los ex funcionarios públicos en similar situación siguen recibiendo sus remuneraciones.

Evidentemente, nos queda mucho por limpiar y pulir en las instituciones democráticas y estamos muy lejos de lograr que el Estado deje de ser un instrumento de opresión en manos y para beneficio de unos pocos.

Artículo de opinión publicado originalmente en
Libertad Digital, 01 de junio de 2010. Por Hana Fischer.

Globalización y riqueza

El Ecuador (en realidad, cierta izquierda en el poder) decidió no negociar Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos, con el Asia ni siquiera hay intentos, con Europa casi se han cerrado las puertas (subsiste una leve esperanza) y nuestro socio favorito es la ALBA donde no existen oportunidades. Mientras tanto, nuestros vecinos del Pacífico sí lo hacen, y eso impactará negativamente sobre nuestras exportaciones, producción y empleo.

¿Más globalización y comercio son positivos? Por supuesto. Para los países pequeños, es indispensable abrirse al mundo para exportar e importar. Ojo, es por partida doble: aprovechar los mercados mundiales para exportar lo que mejor hacemos, e importar lo que no tenemos. Esa especialización es lo que mejora la vida de las personas y de los países. ¿Acaso las personas que viven del autoconsumo, encerradas en su barrio, tienen más oportunidades de progreso? ¿Acaso encerrados podríamos vender todo el banano, atún o flores que producimos? Por supuesto que salir a la sociedad y al mundo es complejo y riesgoso, pero así se progresa… hay que estar claros que el Ecuador (contrariamente a ciertos planteamientos) es poco abierto al mundo: sin incluir el petróleo (incluirlo nos engaña) exportamos 700 dólares anuales por habitante o 15% del PIB. Países pequeños exitosos, están arriba de 10.000 dólares por habitante y 50% del PIB. Somos pobres por no abrirnos al mundo suficientemente.

Obviamente hay que salir al mundo con estrategia y preparación. Y con un objetivo claro: con el paso del tiempo, producir bienes y servicios que generen más valor agregado (riqueza) por trabajador, y con más encadenamientos internos (que la riqueza se reparta entre más manos en el proceso productivo). Debemos seguir siendo bananeros, pero eso solo genera 5.000 dólares anuales por trabajador, mientras en biotecnología o informática las cifras son al menos 20 veces mayores. Ese es nuestro desafío: pasar de la sabiduría en banano, al desarrollo de industria, servicios, inteligencia productiva. No es fácil porque son dos mundos muy diferentes que requieren de habilidades y capacidades diferentes de las cuales estamos hoy muy alejados. Pero eso no se logra con informes burocráticos, sino trabajando en el mundo con los que saben y están más avanzados (inversionistas, empresarios, científicos). ¿Y eso lo lograremos con más o menos apertura? El Gobierno cree que protegiéndonos daremos ese salto, vamos a reinventar lo que otros ya han trabajado. Error, es con apertura, globalización y atrayendo a los que saben. ¿Habrá que ofrecerles ventajas? Claro, nadie regala nada. Y habrá que negociar inteligentemente su asociación con el país para captar ventajas económicas, de aprendizaje, etcétera.

Hay los que nunca salen al mundo porque temen los riesgos, y hay los que lo enfrentan con inteligencia. Al país se le quiere encerrar en lo primero, cuando todos nuestros vecinos caminan por lo segundo. ¿Seremos los únicos en tener la razón… o los únicos errados?

Artículo de opinión publicado originalmente en
El Universo, 22 de mayo de 2010. Por Pablo Lucio Paredes.

Socialismo devaluador

Argentina, Cuba y Venezuela gozaron de monedas fuertes y respetadas que conservaban el poder adquisitivo en los tiempos cuando los bancos centrales eran instituciones serias e independientes, por lo que los gobernantes no podían robar a la población imprimiendo billetes, aumentando el circulante, borrándole ceros a los billetes, ni apodando de "fuerte'' a la moneda nacional. Hoy los "pesos'' de esos países no pesan nada y el llamado "bolívar fuerte'' es un insulto a la memoria del libertador Simón Bolívar.

Desde la impactante devaluación del bolívar en enero, la moneda venezolana sigue en caída libre, acentuada en abril por el robo (llamado expropiación) de las instalaciones de la empresa de alimentos Polar en Barquisimeto, Estado Lara. Polar se convirtió, durante la segunda mitad del siglo XX, en una de las más eficientes y exitosas empresas industriales venezolanas. Comenzó operaciones durante la Segunda Guerra, compitiendo con compañías establecidas y mucho más grandes, pero logró crecer y aumentar sus ventas con buena gerencia y ofreciendo excelentes productos. Eso, claramente, molesta y provoca envidia a gobernantes comunistas que entonces se empeñan en entorpecer sus operaciones y perjudicar a los accionistas, pero mucho más a los trabajadores de la empresa y a los millones de venezolanos que consumen sus productos de calidad, a precios competitivos.

El gobierno venezolano ofrece tres monedas con valores diferentes, de manera de enriquecer a sus acólitos y perjudicar en diferentes grados a todos los demás. En internet y YouTube podemos ver la gran vida que se dan los chavistas, mientras un creciente número de venezolanos sufre desempleo, se dispara la economía informal y desaparecen los emprendedores y el acceso a fuentes de capital para el lanzamiento de nuevas empresas privadas. La Caracas que en una época no tan lejana llamábamos "la sucursal del cielo'' está siendo tristemente convertida en una sucursal de La Habana castrista.

El bolívar de más alto valor supuestamente se utiliza para importaciones esenciales. Si usted es chavista, lo que quiera importar es "esencial'' y el dólar le cuesta 2.6 bolívares. Las importaciones consideradas "no esenciales'', que pueden ser artefactos del hogar, automóviles y licor se hacen en dólares que cuestan 4.3 bolívares. Estos dólares están al alcance de aquellos que son bien vistos por los chavistas y usted los conseguirá en unas pocas semanas si tiene buenos contactos en Cadivi (Comisión de Administración de Divisas del Ministerio del Poder Popular de Administración y Finanzas), pero tardará varios meses, o quizás nunca los reciba, si sus contactos no son tan buenos o si no está dispuesto a pagar la "comisión'' acostumbrada por debajo de la mesa. Después de Cadivi, tendrá que esperar que el Banco Central le dé los dólares.

Por esa serie de trampas y largos trámites, más del 60 por ciento de las importaciones se pagan a la tasa flotante del dólar, que sigue en acelerado aumento por la inflación que en Venezuela es actualmente de más de 26 por ciento, lo cual simplemente refleja la caída de las reservas del Banco Central.

Esa es la nueva Venezuela, donde hay que importar gasolina por la caída en la refinación del petróleo y se multiplican los apagones y la falta de agua porque todo eso está ahora controlado y dirigido por el socialismo del siglo XXI.

Artículo de opinión publicado originalmente en
El Nuevo Herald, 04 de mayo de 2010. Por Carlos Ball.
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